Discursos en Movimiento

Tanto mar para nuestros remos

Fluir para viajar, viajar para fluir

Tanto mar para nuestros remos: Isla Maillen

Me quedo con el recuerdo de Martina, levantando la mano para pasar adelante y bailar.
Me quedo con Martina porque yo le vi su carita de asombro, sus enormes ojos negros y toda su emoción cuando pregunté: ¿quién quiere pasar adelante a bailar? ¡yo!, dijo, ¡yo!. Y luego la vestimos con un traje, al igual que las bailarinas grandes de la banda y Martina, la niña de segundo básico, aceptó el juego y se alegró tanto, se reía. Y entonces ocurrió eso que tanto estudió el Cuti Aste: la cumbia. Ocurrió el acontecimiento, la cumbia despertando a todos, despabilándonos, zamarreándonos, haciéndonos ver, pegándonos el cachetazo, porque la cumbia era Martina esparciendo la belleza, contagiándola delante de todos sus compañeros y compañeras, delante de todos los profesores y profesoras, delante de toda la banda y sus retumbancias y guaracazos, como llevando a la banda hacia otro lugar que era ella misma y su vida celebrativa, gallística, gallinácea, feliz diría. Enormemente feliz. Deslumbrantemente feliz. Allí, adentro de una escuela pública que tenía cortada la luz porque El departamento de Educación Municipal del Gobierno de Chile no la había pagado. O sea ella bailaba ahí, en el epicentro del abandono, en la zona cero de la mediocridad del sistema completo, en el fin del mundo, en una isla lejana, que no tenía luz que es como decir, no tenía calefacción ni hervidor eléctrico, mientras afuera caían granizos a destajo. Y la banda acústica por fin para que Martina baile. Eso es lo importante, bailó para todos y para mí que me opaco con tanta facilidad, que me nublo con tanta frecuencia, que me maleo con todas las políticas públicas y el aumento de la bencina. Y al final ando así, como descreído de todas las formas de la pedagogía, como contrargumentativo a todos los discursos que creen un poquito que el asunto tiene sentido. Porque a ratos no tiene sentido. Odiando a mis estudiantes universitarios por ser tan valsas, por andar tan perdidos. Hasta que bailó Martina. Ella fue eso que llaman el acontecimiento, el regalo. La maestra. Nada más. El resto es logísitca, el resto es wasapp. El resto es mal tiempo. El resto sobra.

Tanto mar para nuestros remos: Isla Maillen Viaje 1

Tanto mar para nuestros remos: Isla Maillen Viaje 1

Una de nuestros viajes a isla Maillen coincidió con un ritual: La despedida de un profesor.
Fue el último día de clases de Don Rigoberto Uribe Bustamante. Don Rigoberto trabajó como
profesor rural y director durante más de 45 años. Un tiempo que me parece eterno. Le hizo clases a
la generación de abuelos, de padres e hijos de isleñas e isleños. La historia contemporánea del Seno
Reloncaví puede ser contada a través de la historia de don Rigoberto.

Tanto mar para nuestros remos:  Isla de Chiloé

Tanto mar para nuestros remos:  Isla de Chiloé

Nuestro viaje a Castro resultó ser una sorpresa y una revelación. Originalmente no estaba considerado en el plan de gestión, pero los vaivenes del ritmo, de las logísticas y de la producción, nos exigieron acomodos. Ahí apareció ante nuestros ojos el espacio Casa MICA de Castro y la colaboración fecunda con las compañeras de la agrupación de artes escénicas Movimiento Insular Comunidad Artística.

Fue un viaje y un encuentro de chicas, de mujeres creadoras, de artistas bacanas. Secas. Nobles. Admirables todas en su porfía creativa, en su amor profundo por la danza, en su ímpetu noble de transmitir la fuerza, el valor y el poder del cuerpo en movimiento.